arte teatro educacion

La Concejalía de Cultura viene desarrollando desde hace varios años un amplio programa de fomento de las artes escénicas en edades tempranas y juveniles, en colaboración con los centros educativos del municipio y con el apoyo de la Concejalia de Educación. Con motivo de la celebración de la Feria del Libro (21 y 22 de abril) y de la Semana Cultural (23 a 27 de abril) hemos preguntado a tres profesionales del mundo de la cultura vinculados a Torrelodones y que trabajan a diario con jóvenes, qué importancia tiene para ellos el arte y el teatro en la educación.

A continuación, recogemos las reflexiones de Yayo Cáceres, director de la Compañía de Teatro Ron Lalá, de Olga Sánchez, profesora de secundaria y directora del Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES Diego Velázquez y de Juan Pablo Heras, dramaturgo y profesor de lengua y teatro del IES. Tres opiniones contundentes sobre el peso y valor de la cultura en la educación.

yayo caceresYayo Cáceres es actor, músico y director de la compañía de teatro, humor y música Ron Lalá, ganadora de varios premios y distinciones nacionales e internacionales, entre ellos Premio MAXX 2013..

¿Qué es el arte?

“Por millones de años, la humanidad vivió justo como los animales. Entonces algo pasó que desató el poder de nuestra imaginación. Aprendimos a hablar. Y aprendimos a escuchar. Hablar nos permitió la comunicación de ideas, permitiendo al ser humano empezar a trabajar unidos. Para construir lo imposible. Los más grandes logros del ser humano vienen por hablar. Y los más grandes fracasos por no hablar”. Stephen Hawking.

Al hilo de esta reflexión, pudiéramos preguntarnos ¿Y qué es necesario para hablar? Pensar. Porque la palabra deviene de un pensamiento. ¿Y qué nos enseña a pensar? El arte! El arte es anterior al lenguaje, nace como una función mágica o religiosa y da origen a la palabra y al pensamiento.

“Parecía el hilo rojo, entre sus dedos, una herida de cuchillo sobre el aire” (Federico García Lorca).

Esto en literatura se llama metáfora y las metáforas nos enseñan a pensar. Si somos capaces de entender la metáfora y de visualizarla es porque estamos pensando, y pensar estimula la imaginación hasta límites insospechados. No es posible la verdadera comunicación sin el pensamiento. No existe nada de lo que nos rodea y haya sido construido por el hombre; que no haya sido imaginado antes, y esa imaginación está nutrida permanentemente del arte. A su vez, el arte parece sólo limitarse al teatro, la pintura, la música etc… sin embargo estamos rodeados de actos poéticos cada día. Desde contemplar un amanecer hasta ver dormir a alguien que amamos. Al fin y al cabo la propia vida quizás es un medio de expresión artística. Ahora bien, el artista hace de esto una pintura, una canción o una obra de teatro. ¿Qué hacen los demás? Escuchar esas canciones, mirar esas pinturas o ver esas obras de teatro y regresa una vez más la metáfora al pensamiento para ser descifrada. Por todo esto es imprescindible el arte en la educación. Para estimular el pensamiento y poder hablar y escuchar; es decir comunicarnos con los semejantes y construir. El arte da sentido a nuestra vida porque nos permite expresar lo que sentimos y pensamos con la palabra.

Y son la palabra y el pensamiento los que darán a los niños las herramientas necesarias para construir y vivir en un mundo bello, en armonía y en paz.

olga sanchezOlga Sánchez Hernández es Profesora de Secundaria y Jefa del Departamento de Lengua castellana y Literatura del IES Diego Velázquez.

Hay palabras como docencia, educación y teatro que nos sobrevuelan a todas horas y nos transportan a mundos llenos de buenos propósitos y abstracciones cargadas de deseos. Sin embargo, esas buenas intenciones se quedan la mayor parte de las veces en grandilocuentes declaraciones sobre la importancia de los docentes y de la educación en nuestra sociedad. Y esas palabras no se concretan en hechos palpables que saquen a alumnos y a profesores de las rutinas y del cansancio de las aulas. Así entonces, la herida de las desilusiones ante la falta de apoyos y de reconocimiento al trabajo diario en las clases se instala en el discurso y las conversaciones viajan desde la inutilidad de los planes de estudio hasta la falta de interés político en la formación cultural de nuestros alumnos o el desdén ante la responsabilidad que todos tenemos en la educación de una juventud anclada en el culto al hedonismo más consumista. Y ahí nos quedamos, en el discurso, en las palabras…

Sin embargo, la docencia y la educación cobran sentido cuando, a pesar del esfuerzo titánico y del desprecio del ministerio a las actividades extraescolares, se piensa que llevar a los jóvenes a la emoción intelectual y sentimental sirve para algo. Entendiendo la utilidad como algo ajeno a un mercantilismo en el que está inmersa nuestra sociedad. Esa emoción que nos suscitan las artes, entre las que está el teatro, son los fundamentos del ser humano, es decir, aquello que nos hace hombres y que configura los sustentos de la vida, lo que sirve para conocernos: el amor, los sueños, las alegrías, las ilusiones, los miedos, las angustias. Esta es una de las respuestas que puedo dar cuando alguien me pregunta por qué llevo a los alumnos al teatro. Y la otra, muy gratificante para mí como docente, se produce cuando a la salida de un espectáculo veo a mis alumnos con los ojos encendidos por la duda, la certeza o la identificación con unos personajes que les han transportado a la magia de la conmoción con el otro, cuando han vivido, sentido y reconocido emociones propias y ajenas, cuando cualquier clase de Historia de la Literatura en el aula ha quedado desbaratada por la unión de comunicación y conocimiento en la magia que se ha producido entre el patio de butacas y el escenario.

Ahora bien, la otra pieza que nos queda por mover en este tablero de educación y teatro es la de la responsabilidad que deben tener las diferentes administraciones en el acercamiento de los jóvenes a las artes, y en particular al teatro, que es la rama que hoy nos ocupa, pues como decía Lorca en su conferencia sobre el teatro: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo.” Y aquí es donde debo decir que resulta impagable, como docente, el apoyo recibido de la Concejalía de Cultura, por la selección y programación de espectáculos ambiciosos y de gran calidad en horario lectivo para los adolescentes de Torrelodones, hasta configurar un rico panorama que a lo largo de estos años muchos alumnos han podido disfrutar. Y gracias a ello, por nombrar algunos de los más memorables, hemos asistido a representaciones del prestigioso Juan Mayorga, con el que los alumnos han charlado después como ocurrió en Reikiavik, también lo han hecho con actrices de la talla de Blanca Portillo al final de la función de El cartógrafo; y especial mención merecen las representaciones de Ron Lalá, Esos locos barrocos, En un lugar del Quijote, Cervantina, Comedia multimedia y Crimen y Telón, que han entusiasmado a nuestros alumnos y que les han enseñado mucho más que nosotros en nuestras clases de Literatura.

Finalmente, otras palabras de Lorca resumen por qué llevo a mis alumnos al teatro, a pesar de los pesares: “El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre.”

juan pablo herasJuan Pablo Heras es dramaturgo y profesor en el IES Diego Velázquez de Torrelodones. Desde 2009 dirige Teatraula, un grupo de teatro formado por alumnos del instituto que ha logrado importantes reconocimientos en certámenes de teatro escolar de ámbito autonómico y nacional. Su último montaje “Sin Venir a Cuento” podrá verse el próximo 11 de abril en sesión matinal para estudiantes IES y a 19h para público general en el teatro Bulevar.

Si miro hacia atrás y entorno los ojos veo dos líneas que se anudan en una sola: la que empecé a trazar como un estudiante haciendo teatro y la que continúo ahora como profesor que dirige y escribe para adolescentes. Son muchos años en los que palpo a diario las virtudes educativas del teatro. Podría hacer un listado: desarrollo de la memoria, de la sensibilidad, de la expresividad oral y física, de la responsabilidad, del trabajo en equipo… Algunos estudios evidencian un impacto innegable en el desarrollo de las habilidades sociales.

Sin embargo, reducir la ecuación “teatro + jóvenes” a la incógnita de la educación tiene un peligro que debemos evitar, al menos si queremos que este arte nos sobreviva: reducir el teatro a un mero medio para la transmisión de principios morales o conocimientos curriculares, a los que se subordina su valor como experiencia estética con valor por sí misma. No quiero decir que el teatro deba huir de asuntos de interés social o que haya que enterrar a los clásicos. Solo que ni la mejor de las intenciones ni la mayor fidelidad a la letra precisa del filólogo nos basta para conseguir un buen espectáculo. Y son tan pocas las ocasiones en las que la mayoría de los jóvenes asisten al teatro que un mal espectáculo supone perder un espectador para toda la vida. A veces se olvida que el teatro es un arte, es decir, un conjunto de técnicas aprendidas animadas por un duende incontrolable, y que es esa combinación tan complicada de trabajo e inspiración la que deben buscar profesores y programadores al elegir los espectáculos que van a ver los estudiantes. Descargar tal responsabilidad en la elección fácil de un tema sensible o de un autor de los que caen en selectividad, sin preocuparnos de la calidad del montaje, nos hará perder una gran oportunidad de crear público.

En cuanto a la educación teatral, el peso de una nueva decisión difícil recae en los padres y en la administración educativa. ¿Tiene sentido invertir tiempo y dinero en una formación que no prepara al alumno explícitamente para nada útil? ¿Por qué no coger al profesor de teatro y que se limite a enseñar al alumno a vocalizar, o retorcer la labor de la puesta en escena y crear cursillos para emprendedores que se llamen, por ejemplo, Si Peter Brook dirigiera General Motors? No nos engañemos. Las mil “destrezas” (por decirlo con términos de la pedagogía a la moda) que un alumno aprende haciendo teatro solo se consiguen cuando el objetivo no es conseguir esas destrezas, sino trabajar en serio para crear y mostrar un buen espectáculo. En mi opinión, implicar a un grupo de jóvenes en la titánica tarea de poner en pie una obra de teatro les lleva a cruzarse por el camino con una experiencia transformadora. Pero eso solo ocurre cuando el objetivo final que les conduce en tan apasionante viaje es el arte, es decir, lo inútil, lo irrelevante, lo improductivo. Aquello de lo que se alimenta el alma.